PRÓXIMAS SESIONES
16 y 17 de febrero 2023 | 18:00

*El acceso a la sala se realizará sin reserva previa. La entrada se realizará por riguroso orden de llegada. Se abrirán puertas 15 minutos antes de cada sesión.

DENTRO DEL CICLO

Il Vangelo secondo Matteo / El evangelio según san Mateo

Pier Paolo Pasolini, 1964.

Int.: Enrique Irazoqui, Margherita Caruso, Susana Pasolini.

Italia. VOSE. 140 min. DCP

Sinopsis

«Soy anticlerical, pero sé que hay en mí dos mil años de cristianismo: yo he construido con mis antepasados las iglesias románicas, después las iglesias góticas y después las iglesias barrocas: son mi patrimonio, en el contenido y en el estilo. Estaría loco si negara esa poderosa fuerza que está en mí: si dejara a los curas el monopolio del Bien» 

«La figura de Cristo debería tener, al final, la misma fuerza que una resistencia, algo que contradiga radicalmente la vida tal y como se está configurando en el hombre moderno: su orgía de cinismo, de ironía, de brutalidad práctica, de contemporización, de glorificación de la propia identidad en los rasgos de la masa, de odio hacia toda diversidad, de rencor teológico sin religión»

«Éste es, en efecto, de los cuatro Evangelios [el de Mateo], el más revolucionario»

«Algunos han visto en este film una obra de militante cristiano, cosa que yo verdaderamente no comprendo… Yo no creo en la divinidad de Cristo… Lo lamento, no creo en ella»

(…) El Evangelio según San Mateo aborda la figura de Jesucristo desde una notoria óptica revolucionaria: Él viene a trastornar, a dislocar, a cambiar, el avieso Orden establecido.

(…) Toda revolución política y ética debe validarse, forzosamente, a través de una formulación estética consecuente. En El Evangelio según San Mateo Pier Paolo Pasolini altera, por un lado, la limpieza y serenidad de toda la iconografía bizantina -de origen sirio- que presenta a Jesús como un hombre de imponente aspecto, de larga melena, barba partida y unos pequeños mechones de cabello cayéndole por la frente (Pantocrator), mientras que, por otro, conjura la pomposa estética de los kolossal religiosos hollywoodienses. El Jesús concebido por Pasolini -e interpretado por Enrique Irazoqui- es un tipo bajito, de barba rala y pequeña melena peinada severamente hacia atrás, cejijunto, magro de carnes, que hace gala de unos modales ásperos, poco afectuosos, y que suele lanzar miradas de ira y desprecio con sus diminutos ojos de reptil hacia los «escribas y fariseos hipócritas”, hacia los ricos que jamás alcanzarán la vida eterna, hacia los poderosos que abusan de su poder … Una visión «hiperrealista», e inquietante, del personaje incrustada en un espacio no menos turbador. La localidad de Matera, ciudad italiana perteneciente a la Basilicata -región situada al sudoeste del país, entre Puglia y Campania- y, en especial, el barrio de I Sassi (las piedras), fue el principal escenario natural elegido por Pasolini para representar a una Jerusalén polvorienta, siniestra (¿corrupta?), cuya intrincada trama urbana se confunde con la tierra pedregosa, con las yermas colinas y gargantas. Lugar en armonía con otros pueblos de la misma Basilicata, Calabria y el Lazio, o los alrededores del Etna, en Sicilia -desierto de lava donde Jesús es tentado por el Demonio y lugar infernal en el que, años más tarde, quedará «condenado» Pablo, el industrial milanés de Teorema … -, transfigurando la vivencia del Evangelio en una experiencia real y no figurada -recordemos la esencia de la poética pasoliniana: el lenguaje natural de las cosas … -, a diferencia de las siempre complicadas y polémicas reconstrucciones históricas de films como La última tentación de Cristo /The Last Temptation of Christ, Martin Scorsese, 1988 o La Pasión de Cristo / The Passion of the Christ, Mel Gibson, 2004, dos títulos, por cierto, que tienen muy presente la estética fílmica desarrollada por Pasolini, aunque sus propósitos morales, más que políticos, sean muy distintos.

En la puesta en escena «revolucionaria» de El Evangelio según San Mateo, Pier Paolo Pasolini realiza uno de los más extraordinarios estudios fílmicos sobre el rostro humano, el «espejo del alma» y, en concreto, de las gentes humildes que buscan consuelo e inspiración en la Palabra de Jesús.

Y para poder ordenar rítmicamente esta sinfonía de primeros planos, de miradas fuera de campo que se relacionan mediante un sencillo montaje de planos-contraplanos, de gestos y mohines que son más elocuentes que cualquier palabra -potestad exclusiva de Jesús-, Pasolini emplea la música. Tanto J. S Bach como Wolfgang Amadeus Mozart pero también la música más popular, como el «Gloria» de la Misa Luba y el gospel, así como ese inserto de la «Cantata de Alexander Nevski (S. M. Eisenstein). Geniales fragmentos musicales que logran, a la vez, dar una dimensión sagrada a lo cotidiano, a lo ordinario, y acercar la figura de Jesús al pueblo. Antonio José Navarro Dirigido por nº 350

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